En la ventana situada en la cara sur del edificio se han instalado varios prismas de cristal que recrean el histórico experimento del espectro de Newton. Cuando la luz del sol atraviesa estos prismas, cada color se desvía un ángulo distinto, descomponiendo la luz blanca y formando un arcoíris perfectamente visible en el interior del templo.
Este fenómeno solo ocurre en los días soleados, cuando el rayo de luz entra con la inclinación adecuada. A medida que avanza el día —y también según la época del año— el arcoíris se desplaza suavemente por el muro, creando un efecto cambiante que convierte la luz en protagonista. Es una forma sencilla y hermosa de mostrar cómo la ciencia puede integrarse en un espacio histórico sin alterar su esencia.


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